Juzgar el contenido, no al continente.

En derecho, el juicio se realiza ante un hecho, ¿no? Nadie osaría afirmar que se debe encarcelar a una persona aportando como prueba simplemente que viste de forma macarra o porque ‘tiene malas pintas’. Por tanto, se debe desconfiar de aquellos que emiten un juicio sobre un hecho, teniendo más en cuenta el continente, la persona, que el propio contenido, el hecho. En los tiempos que corren, el juicio de las grandes masas tiende a emanar más del continente que del contenido, especialmente en cuestiones que afectan a la política. Política que en muchos casos pone el foco en nimiedades, que eso sí, generan histeria y ataques de ética en tertulianos televisivos y demás ralea. Más allá de esto ya se sabe, divide et impera.

Es el pan de cada día, si una dirigente de Podemos en Andalucía propone una banca pública es porque es comunista y quiere robar los ahorros de la gente. ¡Vaya con estos rojos! Les das la mano y te cogen el codo, dentro de nada estamos como en Venezuela, que diría alguno. Si un hombre mayor lleva una bandera española en un mitin de Vox, probablemente es un nostálgico del franquismo y su mujer le espera en casa con la comida en la mesa. Si un padre no desea que su hijo reciba charlas acerca de las múltiples identidades de género existentes, probablemente es porque es fascista. Fascista y, por tanto, votante de Vox, superfascista vaya. Si un grupo de vecinos de un barrio bien de Madrid sale a protestar a la calle por la gestión del gobierno frente a la crisis del coronavirus, algunos políticos prácticamente pasan por alto lo ilegal de la acción, y tratan directamente de desprestigiar la protesta porque son “son 100 o 150 pijos”, o lo que es lo mismo, pocos (ya se sabe que en democracia el número es lo que cuenta) y fachas (así para cerrar el atestado). Y así con todo, si no decreta el estado de alarma porque no lo decreta, si lo mantiene porque lo mantiene. Los socialistas lo hacen todo mal. Ya se ha visto, la izquierda arruina España y la derecha la reconstruye.

Recordemos una lección primaria: dos y dos son cuatro, independientemente de quien lo afirme, se llame Pablo Iglesias, Amancio Ortega o Benito Mussolini.

#MinoríasAudaces

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