EL MEDIO RURAL, ÚLTIMO REDUCTO DE LA COMUNIDAD.

El medio rural, más alejado de nuestra mente, que lo que en realidad nos distancia geográficamente. Apenas conocemos nada de la vida rural, siendo la mayoría de nuestros antepasados, aquellos a los que hacía referencia Unamuno, cuando hablaba de la intrahistoria de España, aquellos que labraban el curso de España a golpe de azadón y sudor de sol a sol, sin salir en periódicos ni formar parte de las lecciones de Historia enseñadas en escuelas.

Sin embargo, a día de hoy, tras el masivo éxodo rural emprendido a partir de la década de los `60, solo un 20% de la población reside en el medio rural, y a menudo es olvidada por el hecho de no aparecer en los telediarios como consecuencia de extravagantes fiestas, asesinatos, celebraciones deportivas… Sin embargo, no se dará un verano, en el que a falta de más glamurosa información, los medios se apiaden de los pobres campesinos a los que los devastadores incendios les han quemado todos sus cultivos. Lo que nunca se escuchará será la imposición que sufren los agricultores y ganaderos de usar pesticidas, plaguicidas, abonos y todo tipo de productos químicos para enriquecer a empresas multinacionales del sector químico alimentario, afectando negativamente a la salud del consumidor final, pero que sin ninguna duda, podrá disfrutar de un tomate que reluzca y con una forma perfectamente esférica (el sabor y calidad poca importancia tiene, si la imagen es ‘perfecta’)

El medio rural se encuentra a años luz de nuestro campo de imaginación, salvo una ligera imagen de un grupo de ancianos paletos sentados al lado de la iglesia, contando sus viejas historias. A pesar de que España es de los países europeos donde más tarde se incorporó la industria y el sector servicios, en apenas 50 años, la mentalidad ha cambiado radicalmente. Los jóvenes urbanitas nada quieren saber del pueblo de sus abuelos, el cual encuentran aburrido a causa de la interrumpida conexión a internet y el necesario desplazamiento de más de una hora para encontrar un centro comercial donde poder saciar su deseo de consumo, perdón, de consumismo.

Como reza el título del artículo, el medio rural es el último reducto de la vida en comunidad, aquella en la cual los individuos viven y trabajan complementándose, de un modo digno, en pos del avance de una empresa superior al individuo, la de la comunidad. Con ello no quiere decir, que el hombre de la ciudad, haya sido despojado totalmente de su instinto comunitario, pero considero, que aunque no despojado, sí ha sido sumido en un olvido temporal. El instinto de la vida social y en comunidad del hombre, alcanza su cima alejado del individualismo urbano, que está basado en muchos casos en una felicidad momentánea, la cual solo es capaz de proporcionarla la obtención del ultimo modelo de teléfono móvil o el mejor equipamiento para salir a hacer ‘running’.

La vuelta al medio rural no puede ser vista como un retroceso en la vida de una persona, sino que ha de ser una opción totalmente digna y respetable. El único y uniforme fin de los jóvenes estudiantes no tiene por qué ser la consecución de un puesto de trabajo en el que se goce de un despacho propio, con secretaria y aire acondicionado. Igual de digno es esto, que el joven que después de haberse formado, decide volver a la vida en comunidad del pueblo de sus padres o abuelos, aplicando todo su potencial adquirido en los años de formación, y logrando una mayor productividad en su labor.

Es en el medio rural, donde verdaderamente el hombre se encuentra con sus raíces, y por lo tanto emerge en su interior un sentimiento de comunidad, y de respeto y armonía con la naturaleza, es decir, es el lugar donde el sentimiento y el conocimiento de la Patria, aflora con más claridad.

A menudo, pienso que un niño no está plenamente relacionado con el medio que le rodea hasta que visita a sus abuelos, que aún trabajan la tierra o poseen un pequeño rebaño de ovejas o cabras. El simple hecho de acompañar a sus abuelos al huerto, y ver como sus abuelos, aún habiéndose jubilado siguen teniendo la vitalidad de un autentico deportista, presenta al joven el valor del esfuerzo, la constancia, y la justa recompensa, cuando al cabo de los meses vuelve a visitar a sus abuelos, y estos se encuentran en plena recogida de cualquier fruta o verdura. Es entonces, cuando el joven hereda de sus antepasados la esencia del trabajo y su recompensa. El sudor de sus abuelos, traspasa su piel, y reconoce que sus raíces no pueden ser relegadas al olvido, al hastío, a la pereza… sino que debe portar esta llama de esfuerzo a sus hijos, que serán plenos solo cuando conozcan tan bien el medio urbano como el rural.

Frente al individualismo urbano, se alza la última vía de salvación de la vida en comunidad. Y esta solo aflora en las localidades en las que se sigue manteniendo el contacto entre sus habitantes, en las cuales la familia tiene un contacto prácticamente diario. La globalización y el individualismo, representan la mayor amenaza para la vida en comunidad y para el respeto por la naturaleza, haciendo gala del ‘todo vale’ y siendo el ‘usar y tirar’ una conducta habitual.

Desde el punto de vista del respeto a la naturaleza, el asfalto de la ciudad ahoga toda semilla de verdadera armonía y cuidado de la flora y la fauna, que nutre y puebla nuestra tierra. Sin embargo, en este punto, debe hacerse una denuncia aquellos habitantes rurales que hacen de la crueldad animal y el desprecio por las plantas, su modo de vida. La misma simpatía debe el agricultor sentir por el árbol frutal que cada año le aporta una cantidad importante de dinero, que por el viejo roble que crece en su tierra, que aunque no le produce un beneficio económico, sus raíces nutren su tierra desde cientos de años. Es entonces, cuando se guarda una relación estrecha con la tierra, que es a su vez la tierra de tus antepasados, y que a todos ellos les ha permitido vivir por tanto tiempo.

Quico González

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