Europa nació antes que la UE.

En estas fechas en que se ‘celebra’ el aniversario del Tratado de Roma, que dio origen a la Unión Europea, aprovechamos para recordar que posicionarse en contra de los organismos que conforman la misma y sus políticas, muy lejos de lo que pregonan los medios de información mayoritarios, no es ser antieuropeo o euroescéptico.

Más bien, como europeos plenamente conscientes y orgullosos de los lazos que tan estrechamente nos unen con el resto de pueblos del viejo continente, considerando que Europa no es solo un mercado, sino antes de ello una herencia histórica, cultural y política, consideramos como insultos estos términos con que se hace referencia a aquellos que rechazan el curso que ha tomado la Unión Europea, arrodillada y sierva de intereses foráneos.

Si el momento histórico en que se puede comenzar a hablar de Europa es discutible, no lo es el hecho de que esta nació antes que la Unión Europa. Los griegos ya susurraban acerca de Europa, los romanos construyeron una Europa mediterránea, Carlomagno fusionó el Mediterráneo con la Europa más continental, para finalmente desembocar en la conformación de la Europa de los reinos. Por lo tanto, la simpleza a la hora de catalogar ciertas posturas solo retrata la infamia de los etiquetadores profesionales, de los charlatanes que dan lugar a portadas glamurosas a ojos de un ignorante.

Hoy, si Europa quiere continuar existiendo, debe dar paso a la Europa de las patrias, partícipes de una empresa común, reconociendo y defendiendo la riqueza de la diversidad cultural que nutre las naciones europeas. Si en algún momento se pensó que a partir de la economía, estando está por encima de la política, se podría crear una Europa fuerte y unida, se aprecia hoy que nada más lejos de la realidad, esta visión posee cimientos débiles. Solamente la política puede vertebrar la unión de Europa, imperando esta sobre la economía, siendo dueña de su destino y no subyugada a las leyes del mercado globalizado.

Declaramos nuestra convicción de que Europa nació mucho antes que la Unión Europea, y por lo tanto nos consideramos europeos, independientemente de las instituciones oficiales que la representen, de los vergonzosos tratados que se firmen y de las políticas que se empeñan en debilitar nuestra identidad. Desafortunadamente, de lo que no estamos tan seguros es si esta Unión Europea será su tumba en un futuro.

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