Nos roban.

Hoy es domingo, el único día de la semana que no tengo que desplazarme a la Villa y Corte para trabajar, como ha amanecido soleado, decido pasar un par de horas recorriendo carreteras provinciales con mi BMW de 1986, con la que ya nunca más podré entrar a la denominada “almendra” de Madrid, mi moto no podrá acompañarme para ser testigo de la muerte de ese Madrid castizo que está en fase terminal, mejor para ella.

Un par de horas de libertad, de sonrisa helada y paisajes rurales me esperan. La moto no arranca a la primera, ni a la segunda, ni a la… Lleva un par de semanas sin salir de la cochera y se resiente. Un intento más y consigo que su motor ruja de nuevo, un par de acelerones y comienza la ruta.

Dejo atrás el Real Sitio, mi casa, y me adentro en la Segovia real y rural. Circulo por villas despobladas, incomunicadas, abandonadas por los políticos de Madrid y Valladolid. Por estrechas carreteras que llevan años pidiendo arreglos, parches, un grito de ayuda que nadie oye. Están también en su fase terminal. Atravieso pueblos de casas cerradas, casas modestas, dejadas, donde no se ve ni un alma. Tras una hora de ruta, paro a tomar un café en el teleclub de un pueblo, da igual cual. Dos jubilados me miran al entrar, duros rostros que muestran ganas de iniciar charleta, curiosear, averiguar qué se le ha perdido a este muchacho por su localidad. Iniciamos el intercambio de pareceres: el tiempo, los motoristas que pasan de vez en cuando… pero siempre terminamos con el mismo tema: la juventud que se ha tenido que ir, lo triste que está el pueblo, salvo la semana de fiestas estivales donde todos los hijos y nietos regresan para reencontrarse con sus familiares, con sus raíces, con su identidad. Apuro el café y les deseo un buen día.

Continuo haciendo kilómetros y el austero paisaje castellano me sigue enamorando, pienso en lo que fue y ya no será, imponentes iglesias sin feligreses, casas derruidas, campos sin cosecha. Castilla… un pueblo al que le robaron un futuro por callar voces traidoras y egoístas de la periferia Ibérica, y que a día de hoy, todavía sigue recibiendo acusaciones de represor y ladrón. Los hijos de la meseta demostraron una gran generosidad en el siglo pasado pero hoy ya no tienen nada que compartir… y se les sigue atacando. Los malos gobernantes y egoísmos nacionalistas robaron todo lo que tenía Castilla. Aunque no es suficiente… cobardía del que se ensaña con el árbol caído… más palos contra nuestra lengua, el castellano, la única voz que se escucha y entiende en casi todo el mundo. Me sangran los oídos y me duele el alma, cada vez que arremeten contra el bien más preciado de Castilla y de las Españas sin otra motivación que sus bastardos intereses.

Dos horas y media de ruta y vuelvo a mi pueblo con una sonrisa triste, relajado, liberado, mucho frío en el cuerpo y calor en la mente. Ella sigue de ruta sin paradas por caminos sin respuesta. ¿Habrá posibilidad de que la yesca prenda de nuevo? ¿La voz y sentir de miles de leales castellanos se oirá algún día en un parlamento o cosa que se le asemeje? Mientras tanto, Castilla se empobrece a pasos de gigante, los pocos jóvenes que quedan cambian de aires, rumbo a las grandes urbes donde podrán buscar trabajo a cambio de su libertad e identidad.

Raúl Pajas Crespo // 10.02.19

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