Orgullo por lo nuestro… Malabares inclusivos por el Día de la Hispanidad.

¿Cómo parecer sin ser? ¿Cómo no parecer, siendo? Esta es la disyuntiva que se presenta de frente a las grandes empresas cuando se tratan de publicitar en grandes medios. La imagen que se transmite a la sociedad se debe cuidar, es decir, la apariencia, el parecer, se sea o no, es un aspecto central en los departamentos de marketing de las empresas que de estos disponen. Y esta imagen a transmitir debe caminar paralela a los carriles que marca la opinión de las mayorías, o al menos, de todo lo que se sitúa dentro de la esfera de lo comúnmente llamado ‘políticamente correcto’. Cruzar perpendicularmente estos carriles sería el inicio del fin, supondría comprimir el público objetivo en pos de un lastre tan pesado y poco agradecido como pueden ser las ideas y la coherencia.

Correos, empresa de capital íntegramente público y, por tanto, propiedad del Estado español, no podía ser menos. En su última campaña publicitaria, la cual hacen coincidir con el Día de la Hispanidad, en un intento de dar a conocer su ‘preocupación’ por los productores locales y el comercio de sus productos (algo positivo y digno de reconocimiento, la verdad sea dicha, en un país que ha olvidado su cualidad productora), caen en la trampa que ya han pisado tantos otros: querer parecer, sin ser. Querer parecer patriota, es decir, defensor de una Patria, en este caso, en lo relacionado con el trabajo de los pequeños productores, sin serlo. Muestra de esto es la hipocresía que muestran al querer dar difusión a su campaña con material promocional, en este caso camisetas, hechas en el sudeste asiático. 

Visualizando el anuncio, rápidamente se aprecia el verdadero fondo propagandístico del mismo, una calcamonía de otros tantos que, en un afán de parecer lo más inclusivo, moderno, tolerante e igualitario posible, se olvidan del objeto del anuncio, es decir, promocionar el comercio nacional. En su lugar, el peso de los segundos de aparición en la televisión se focaliza en dar una imagen de la empresa y de la sociedad que esta querría. El objeto original del anuncio, por tanto, queda relegado a un segundo plano. Lo mismo ocurre con el motivo de la elección de una fecha determinada para la realización de la campaña, en este caso, el Día de la Hispanidad, o como ya muchos denominan, 12 de octubre. Sin duda, esta simple denominación está siempre en consonancia con las corrientes que llegan de la otra orilla del Atlántico (véase el día 4 de julio, the Fourth of July), ya que no ocurre lo mismo con días como Nochevieja o el día de la Constitución, ¿quién sabe por qué?

Volviendo al anuncio de Correos, la banda sonora tampoco es mera casualidad. Bajo una mirada mínimamente crítica, se aprecia que hay ciertas cualidades que, en esto de la publicidad de masas, da muchos puntos: chica joven y rapera (no hace falta decir que el rap es un género musical importado, ajeno a la hispanidad que se celebra este día). Elegir una mujer de voz suave y femenina, interpretando una canción popular castellana que haga referencia al trabajo, sería algo así como una herejía en tiempos de tiempos de ‘progreso’ y ‘libertad’. Llegados a este punto, nos sale al encuentro el poeta y profesor salmantino Ramón García Mateos, cuando afirma que “se siguen cantando romances, entonando sones y letrillas populares, aunque una malentendida civilización y modernidad haya hecho peligrar la supervivencia de toda una forma de cultura”. Malentendida civilización y modernidad, la trampa en la que Correos, y muchos otros, cae en su anuncio.

Es tendencia en la modernidad, como se puede uno percatar diariamente, la continua exposición a una publicidad que aboga por el mestizaje, por una diversidad mal entendida. Una diversidad que trata de igualar a los diferentes, no es diversidad, sino igualitarismo y pérdida de las identidades.

En el inicio del vídeo publicitario objeto de estas líneas se escucha “siente orgullo de nuestra diversidad” mientras un collage dinámico muestra una secuencia de imágenes cortadas de caras pertenecientes a personas de distintas razas. Es decir, la diversidad a la que se hace referencia es simplemente una diversidad racial, ni de oficios, ni de lenguas propias de España, ni de tradiciones populares, ni de estilos artísticos, ni de lugares turísticos. En este sentido, vemos como la palabra ‘diversidad’ apunta solo a un tipo de diversidad, carente de significado en un anuncio que supuestamente se dirige hacia el fomento del comercio local y el apoyo al pequeño productor. La propaganda ya se ha hecho notar a los veinte segundos de comenzar el anuncio. Si continuamos con el video, tan solo diez segundos después, se afirma: “solo aquello diferente puede generar unión”. Ya no nos sorprende que la imagen que se solapa en este momento muestre a dos chicas jóvenes de distinto origen en actitud orgullosa y desafiante. Una vez más, en un espacio publicitario que pretende generar una mayor predisposición a la compra y al comercio local, la propaganda se hace hueco. Si acompañando a este verso se mostrase a un empleado y a su jefe en actitud amistosa y cordial o, a un hijo aprendiendo el trabajo de su padre o, a dos mujeres que han apostado por el emprendimiento rural, el mensaje inevitablemente se correspondería con el contenido audiovisual. Sin embargo, Correos opta por mostrar dos jóvenes en chándal en un paisaje urbano, que si debiéramos apostar, diríamos que no han trabajado en su vida.

En el tramo final, hay una cosa en la podemos estar de acuerdo, la verdad sea dicha, pues ya se sabe que incluso un reloj parado da la hora correcta dos veces al día: “ser patriota no es izar una bandera”. Esto, si no va acompañado de una conciencia de Patria, de comunidad, de destino, de identidad, de soberanía y de justicia social, es solamente una pose de cara a la galería, una actuación y no una acción.

Por último, se aprecia que el lema de la campaña ‘orgullo por lo nuestro’, ha sido elegido meticulosamente. La proposición ‘por’ situada tras el nombre ‘orgullo’ es una construcción sintáctica inusual, rara vez empleada de este modo aislado. ¿Casualidad? No. Reflexionando unos segundos, uno se da cuenta de que es la preposición ‘de’ la que normalmente viene usada en estos casos bajo una secuencia adjetivo-preposición: ‘orgulloso de’. La proposición ‘por’, empleada de este modo, haría referencia a un hecho en particular, un episodio con un inicio y un fin, un suceso transitorio, del cual se está orgulloso. Y aun así, si se sigue reflexionando sobre ello, la frase seguiría sonando extraña. No se haría, de tal forma, un reclamo a una Historia, a una cosmovisión de la existencia, a una identidad de pueblo, a una forma de entender el trabajo y de afrontarlo o, en definitiva, a cualquier aspecto atemporal que pudiese tener la más mínima relación con la Tradición, en este caso, de España.

Si esta caricatura forzada es lo nuestro, y es orgullo lo que debemos sentir tras la visualización del anuncio, diremos que probamos más bien pena de aquellos que en esto se identifican, pues aún no han entendido lo que significan los valores hispanos que en el día 12 de octubre se conmemoran.

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