Un paseo de invierno por Baeza.

Olivos por doquier en cerros inabarcables dibujados en el horizonte desde aquella Loma.
Olores intensos a aceitunas prensadas, a trabajo esmerado.
Muros de piedra dorada, antaño hogares de valientes huestes de grandes conquistadores.
… y cuando más poético me sentía, levantó la vista y allí estaba el escudo de armas del asesino Imperio.
No puedo entender, si no es dejadez, que no se aplique la Ley de Memoria Histórica, o la de Delitos de odio, o la que sea que arranque de esos muros los símbolos fascistas de un Imperio que masacró por doquier tropas moras, expulsó judíos, moriscos y herejes. Sin motivo alguno, eran todos muy buenos.
Que se derriben esos muros, torres y palacios, catedrales e iglesias, todos monumentos levantados desde el más profundo odio a la libertad de los pueblos y de las personas…. y así ya puestos, que hoy me embarga un morado podemitismo, que se derriben las pirámides mayas y las egipcias, los coliseos y templos, símbolo todos ellos de la esclavitud y muerte de millones de esclavas y esclavos, de transgénero, de LGTB,… y de miles de animales como burros y camellos obligados a trabajar hasta caer reventados. Que se derriben sin piedad de todas nuestros pueblos y ciudades para cumplir con lo políticamente correcto que nos imponen nuestros nuevos profetas majaderos que cambian los nombres de las calles, derriban monumentos, arrancan placas, desmontan estatuas, secuestran libros, detienen libreros, desentierran muertos… ah! eso todavía no. Que con el abuelo no pueden ni muerto.

SECC: NI UN MURO SIN PINTADA, NI UN POEMA SIN METRALLA

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